El hombre que todo deseo

Había una vez, en un pueblo escondido entre las montañas, cerca de la ciudad de Zulawesia, un hombre que estaba inconforme con todo.

Si el sol salía, se quejaba del calor. Si estaba nublado, desearía que el día fuera soleado. Si llovía, que todo estaba mojado. Si había sequía, decía que las lluvias, jamás llegarían.

Así, un terrible día soleado, tranquilo, y que puso a la gente de buenas, él decidió salir a caminar. No soportaba tanta alegría en la gente. ¡¡Estar feliz, por nada!! - que tontería, pensaba.

Caminó, y caminó, hasta que a la montaña llegó. Subió, y subió, hasta que las nubes tocó.

Cansado, y sudoroso, se sentó bajo un árbol alto y frondoso.

Esta sombra, es muy grande y fría, aunque estoy cansado, un poquito de sol muy bien me vendría - pensó.

Sin saberlo, se había sentado bajo un árbol que leía los deseos más profundos de las personas, y los cumplía. Así, las ramas del árbol se abrieron un poco, y dejaron pasar un rayo de luz. El sol, alumbró y calentó al hombre cansado e infeliz.

Este solecito, está muy bien. Pero se me antoja dormir, en mi casa también. - Volvió a pensar.

Al voltear la mirada, se encontró con que al lado del árbol, había una cabañita muy bonita, y decorada. Entró, y se encontró con una cama, con cobijas y colchón. Recostándose, no tardó en recobrar el aliento, y sentirse tan repuesto, como nunca se había sentido.

Tanto descansar, me abrió el apetito. ¿No habrá una mesa, con sillas, y algunos platillos? - volvió a desear.

Al abrir la puerta de la cabaña, se encontró una gran mesa, servida con los platillos más deliciosos del mundo. Había carnes, aves, frutas, y diferentes manjares.

¡Que gran banquete han preparado! Aunque al mayordomo, han olvidado - Pensó para sus adentros.

Sin que se diera cuenta, apareció un mayordomo muy bien vestido, y a la mesa lo invitó. Quitandole la silla, el comensal, se sentó. Devoró lo que le pusieron enfrente, y con un muy buen vino, al banquete clavó el diente.

Al terminar de comer, algo lo inquietó. No era normal, que todo lo que deseara se cumpliera. Buscó una lámpara mágica, pero no la entrontró. Buscó también un anillo de poder, pero no lo divisó. Después de muchas conjeturas, al fin cuenta se dió, que el árbol en el que se había sentado, los deseos le cumplió.

Tan inconforme como era, empezó a pensar. Y un duende, un monstruo, o fantasma, se propuso encontrar. Sólo alguno de ellos, podría ser el culpable de cumplir todos sus deseos.

De pronto, de la puerta de la cabaña, un monstruo apareció. El individuo, muy asustado, un grito profirió.

¡Me va a comer, estoy seguro! - fue lo último que se escuchó, y hasta aquí llegó la historia, del hombre que todo lo deseó.

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